Juega el Madrid: el otro partido del Barça

La posibilidad de una eliminación blanca en la Champions a manos del Wolfsburgo anima a los culés tanto o más que cerrar la clasificación mañana en el Calderón

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 El Barça y el Real Madrid juegan el doble de partidos que el resto de equipos en una temporada. Cuando uno juega, el otro no descansa, porque del resultado del primer dependerá la valoración del rendimiento del segundo. “Son vasos comunicantes que se necesitan: el aficionado azulgrana es tan feliz con la victoria propia como con la derrota ajena”, asegura el periodista Frederic Porta, autor del libro Barça inédito. Este martes el Barça no juega, le toca miércoles, pero de alguna manera su suerte en la Champions irá ligada a lo que suceda en el Santiago Bernabéu (20.45 h, TV3 y Antena 3). La posibilidad de que el Wolfsburgo redondee el buen resultado de la ida (2-0) y elimine el Madrid podría ser una dosis extra de alegría para el Barça antes de jugar en el Vicente Calderón. Por lo menos, lo ha sido siempre históricamente. “Es algo atávico, en la sangre del culé está el deseo de que el Madrid sea derrotado, y si puede ser con follón en el Bernabéu, con silbidos, críticas y mal juego mucho mejor para el aficionado del Barça”, reconoce Bernat Soler, que será el responsable de narrar en Televisión de Cataluña el partido entre madrileños y alemanes. Sabe que esta noche, sobre todo si el resultado acompaña y se insinúa la derrota madridista, la audiencia de TV3 será alta. Y mayoritariamente culé. “Mi papel, sin embargo, no es hacer una transmisión para la afición del Barça. Intentamos hacer una locución tan distante y natural como sea posible, con respeto absoluto por el Madrid “. No es como en la época de Jordi Culé, que aparecía en pantalla para mofarse de las desgracias blancas para hacer barcelonismo. “Son partidos complicados de hacer, hay más vigilancia. Pero el planteamiento es narrar para todos “. “El culé total es lo que quiere que gane siempre el Barça y, al mismo tiempo, quiere que pierda el Madrid siempre” Josep Maria Minguella exageran de futbolistas La cuestión es si este mundo es más barcelonista o más antimadridista. O las dos cosas. Ayer en una entrevista en estas páginas, Sergi Pàmies reconocía que él es un “culé defectuoso” porque no desea daño al Madrid (ni tampoco al Español). Este concepto no es exclusivo de Pàmies, como admite el ex agente de futbolistas Josep Maria Minguella, que ve que “hay de todo” y que no todos los azulgranas ligan su felicidad a las derrotas en Madrid. “Pero para mí -dice Minguella- el culé total es lo que quiere que gane siempre el Barça y, al mismo tiempo, quiere que pierda el Madrid siempre”. Comprensión histórica Es una correlación de fuerzas que se explica desde la historia de los dos clubes. Xavier Carmaniu, historiador y periodista, cree que es una cuestión “de cultura política”. “El miedo, como otros valores o referentes, se transmite de generación en generación, y en el caso del Barça se ha transmitido el sufrimiento endémico y, en cierto modo, un cierto complejo de inferioridad”. La cultura del barcelonismo, añade, “se ha construido a partir de considerar que el Madrid es el enemigo público número 1”. El máximo exponente actual de ello es Gerard Piqué, que representa la figura del barcelonista que disfruta cuando a la entidad de Florentino Pérez le van mal las cosas. Con emoticonos, frases irónicas o declaraciones a los medios más directos, el central azulgrana ha manifestado públicamente que “quiere que el Madrid pierda siempre”. Va ligado, dice, a su sentimiento barcelonista. No se pueden separar. A ojos de Piqué si se es una cosa debe ser la otra necesariamente. “Las nuevas generaciones son antes antimadridistas que pro Barça. Es una lacra que viene de los años 50” Frederic Porta Periodista y escritor “Es una lacra que viene de los años 50, del robo de Di Stéfano, de la travesía del desierto, del 0- 5 de Cruyff 74 … “, argumenta Puerta. El escritor, sin embargo, no acaba de explicarse que este “tic” todavía dure, ahora que el ciclo no es perdedor como entonces. “Me cuesta entender que la preocupación por ser no vaya antes que la de encontrar a alguien con quien rivalizar, que las nuevas generaciones sean antes antimadridistas que pro Barça.